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  Las direcciones
  June 16, 2008
  Por Fernanda Montiel
  elquintanarroense.com
 
Las enseñanzas de tradición oral preservadas a través de los siglos han legado un conocimiento de profunda trascendencia en los cimientos de las culturas mesoamericanas.
La raíz maya, wirrarika, náhuatl, olmeca, azteca, mexica, tlaxcalteca, zapoteca, papanteca, totonaca, entre otros cientos han realizado un saludo que en esta ocasión me gustaría puntualizar: se trata de la manera de saludar a los diferentes puntos cardinales y “abrir las puertas”, “los rumbos”.
Este saludo se puede realizar de diferentes maneras, apuntado siempre a la dirección con una vela, una pluma, una fruta, un sahumerio con copal encendido, el sonido del caracol, con las palmas de las manos, con el corazón encendido, así se saluda al Este, al Oeste, Sur y Norte; al cielo, a la tierra y al centro.
En cada punto de la rosa de los vientos se encuentra una enseñanza de distinta magnitud y de alta filosofía. Al Este, una dirección luminosa, de donde proviene la luz del nuevo día, el primer rayito de sol de la mañana, la iluminación que nos deja ver que estamos vivos y la presencia de un nuevo día, nos regala la oportunidad de vivir otro día, maravilloso, intenso, como dada uno de los días de nuestras vidas.
El viento del Sur es brisa fresca, es un viento sutil, suave, acaricia como la piel de un bebé, tiene la presencia de la fertilidad, de la señora, la madre y la hermana, es sensual; en esta dirección los mensajes provienen de la parte femenina del planeta.
Poniente es quizá el más misterioso de los rumbos, el sol avanza hacia esa dirección, el nuevo día perece en este horizonte, la luna sigue ese trayecto, avanza también hacia el poniente para ocultarse. Empieza la noche, a veces más oscura, a veces menos, pero al fin noche, asociada con la oscuridad del planeta, de la humanidad. Así como hay luz-día en el Este, en el Poniente hay oscuridad-noche. Se trata quizá de la parte inconsciente.
Del Norte proviene un mensaje impetuoso, el viento es duro, severo, de ahí se desprende la señal del huracán, de la tormenta poderosa, está relacionado con el sembrador, el arado de la tierra, la siembra, la cosecha, el maíz, los abuelos del Norte, como se les conoce en cada punto, tiene la señal masculina, varonil, es la parte viril que hay en todos y todas, así como la femenina-Sur que se encuentra en ellos y ellas.
Saludar mirando al cielo es apuntar que hay una eternidad, porque en los cuatro puntos cardinales mencionados se encuentran en un plano terrestre; es decir, si vamos al Norte llegamos a la geografía norteña del planeta, puede ser el Polo Norte; si avanzamos al Sur, en América a la Patagonia o al Cono Sur; si nos dirigimos al Este, llegamos a Japón, desde nuestra ubicación geográfica, pero se llega a algún lado.
El caso de la quinta dirección, el cielo, es especial, porque no hay dónde llegar; es una dirección infinita, cósmica, universal, a la que han mirado nuestros abuelos indígenas y han rezado por la familia y la humanidad, han dado una dirección exacta del lugar en la que se ubica una energía creadora, protectora como un manto, a la que si se le solicita sucede algo maravilloso, casi mágico y hay curación y salud, abundancia y alegría.
La sexta dirección es la Tierra, la Mama Pacha, Madre Tierra, la que provee y sigue dando; y aunque sea humillada, maltratada por sus hijas e hijos, ella sigue dando como en un eterno perdón, provee de manjares en las mesas, llena el planeta de oxígeno, llena de colores el entorno, y hace crecer el maíz sagrado de nuevos fuegos, nuevos ciclos, nuevas enseñanzas.
Como conclusión del saludo de las direcciones que nos han marcado las antiguas culturas, está la séptima dirección: el centro.
Sin centro no hay dirección, esto quiere decir que aunque las direcciones estén ahí, presentes siempre, si no hay un centro no hay lugar adónde ir, el centro es cada uno, cada individuo con su propia existencia efímera y fugaz como es la vida. Aquí sí existe la muerte. El corazón deja de latir. Un día ese centro ya no está ahí para hacer el saludo, pero los abuelos se han asegurado que esta cruz con volumen nunca deje de recibir el agradecimiento por el milagro de vivir.

fernandamontiel@hotmail. com