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Saturnina Tamayo, testigo de la historia de Carrillo Puerto
Ella cuenta las buenas y las malas del general Francisco May
 
Por Roberto Mex • Kantunilkín
Saturnina Tamayo Mezo, es un libro de historias sobre el municipio.
Saturnina vivió sus primeros años en Vigía Chico, que fue en aquél entonces el principal puerto pesquero.
En Vigía Chico sólo quedan algunos vestigios del tren que comunicaba a Chan Santa Cruz.
Mis padres Sabino Tamayo y Florentina Mezo, optaron por dejar Cozumel y aventurarse al pequeño puerto de Vigía Chico, era un lugar muy bello, recuerda a sus 86 años, doña Saturnina Tamayo Mezo. Ella nació en Cozumel el 20 de octubre de 1920.
Dentro de la Bahía de la Asención, Vigía Chico, era un pequeño puerto, con servicios básicos y sus habitantes estaban dedicados a las actividades propias de la población, siempre motivados por lograr alcanzar la superación, esto ocurría en el año de 1926, conversa, doña “Satur”, así la llaman con cariño sus vecinas.
Entrevistada en su domicilio, la señora Saturnina Tamayo, platica detalladamente sobre sus vivencias de aquéllos años como si el tiempo se hubiera detenido.
Recuerda que los viajes en el mar se hacían en botes de vela y las travesías se demoraban por muchas horas, incluso días,…El puerto de Vigía Chico -recuerda con cierta nostalgia-, era la puerta de entrada a la Antigua Chan Santa Cruz, este lugar estaba bien poblado por mucha gente, entre ellos “Los Garabana”, Pedro Joaquín (padre), Tomas Tinal, “Pepe” Canales, Pedro Moguel, Lucio Novelo y muchos más que ya han fallecido.
“Recuerdo bien que había un gran destacamento militar”, dijo y sus palabras revelan tristeza y en su rostro cansado se reflejan los años de sufrimiento pero eso no la intimida y recuerda que la vía del ferrocarril que recorría de Vigía Chico a Santa Cruz de Bravo, en ese tiempo, el trayecto tenía una longitud de 58 kilómetros, estaba todo poblado, no muy lejos se encontraba una central donde el tren hacia ciertas maniobras, ahí había teléfono inalámbrico y todos los productos que se descargaban por esta vía eran para el consumo de los pobladores.
Por otro lado, la salida del chicle que se producía en la zona centro de Chan Santa Cruz, el palo de tinte que estaba en su “fase Terminal”, fueron los productos que más se comercializaban en aquel tiempo.
Doña “Satur”, con los ojos llorosos y la voz quebrada, se acuerda que siendo muy niña tuvieron que dejar Vigía Chico, para trasladarse a Santa Cruz de Bravo debido a que ahí había escuelas y los estudios eran muy necesarios. Una vez establecidos como repobladores dijo; “tuvimos que soportar vejaciones, éramos mal vistos por la gente auténticamente maya”, se hablaba muy poco el español y sólo mis padres entendían la lengua maya.
“Cuando me entregan a la escuela, un profesor de apellido –Peña- y que era conocido como huach como nosotros, nos empieza a dar clases, pasó el tiempo y todo se fue olvidando, los niños de la escuela se volvieron buenos amigos y de ese tiempo recuerdo a Julio y Eusebio Can, Salvador Santos y otros. Don Simón Poot, ajusticiador del general Francisco May, nos dio una casita para vivir y con el paso del tiempo mis padres Sabino Tamayo y Florentina Mezo, abrieron una fonda para darles de comer a comerciantes, y militares destacamentados aquí, comandados por un tal capitán “Larios” por cierto era muy enérgico con la gente, de esta manera sorteamos nuestras carencias y pobreza”, comentó.
Con excelente memoria, la ancianita no olvida que este lugar era de tierras fértiles, la producción se daba en abundancia, sin embargo había un gran problema, no existía mercado para comercializar, era demasiado para una población muy reducida, por lo que se creó el famoso trueque.
Había transcurrido el año de 1930, cuando empezaron a llegar más repobladores, venían de varios lugares incluyendo gente de Veracruz, que se distinguieron entre la población por ser excelentes chicleros, se producían grandes cantidades de chicle.
El General Francisco May, fue el principal especulador, tenía un control absoluto y manejaba mucho dinero principalmente en monedas de plata, comentó.
“Mi padre le trabajó como bodeguero, los azotes fueron cosas del pasado, el general Francisco May sentía mucha pasión por las mujeres y con ellas derrochaba su dinero. Además controlaba los edificios públicos, hasta el grado de quedarse con varios de ellos, pero más tarde les fueron arrebatados. Otro señor que fue muy dinámico en la industria chiclera fue don Ruperto Prado Pérez, por cierto tenía fuertes diferencias con el general Francisco May pero limaron asperezas y lograron entenderse”, expresó.
Haciendo un esfuerzo extraordinario doña Saturnina, recordó la construcción de una pista aérea en pleno corazón de la selva que sirvió para el aterrizaje de aviones tipo -Bellancas- que transportaban a los chicleros y todo su producto, siendo Francisco Sarabia el piloto famoso que operaba las naves y tenían establecida la ruta Santa Cruz –Peto-Mérida Yucatán, allí trasportaban pasajeros y el traslado de muchos enfermos de paludismo o por mordeduras de víboras, dijo.
En el año de 1936 doña Satur, se une en matrimonio con don Valentín Aguilar y se van a vivir en el rancho Huayumil cerca del árbol del Pich; en el año de 1938 se fundan las cooperativas chicleras y Santa Cruz toma gran auge y recibe la vista del gobernador Rafael e Melgar, pero años antes estuvo aquí el general Lázaro Cárdenas y en 1940, el general Manuel Ávila Camacho asume la presidencia y nombra al general Dziruob, gobernador del territorio de Quintana Roo y como delegado de Chan Santa Cruz a Luis Escotrilla Salim.
En 1950 nombran como gobernador a don Margarito Ramírez, a pesar de los problemas que éste tuvo con la gente en Carrillo Puerto. Tiburcio May Uh es designado delegado de gobierno.
La señora Saturnina Tamayo Mezo, dijo, “se están perdiendo las tradiciones, ya no hay ofrendas en los altares como antes y no se reparte la matanes del Hanal Pixan, las auténticas rezadoras en lengua maya han desaparecido y recordó que en aquellos tiempos todo era devoción por los difuntos”
 
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