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  Ortega pierde el piso
  March 3, 2008
   
  elquintanarroense.com
 
Whisky con melón y naranja. La nota chusca de la semana surgió en donde menos se lo puede uno esperar. El viernes pasado durante el concierto del cantante Reily, en Playa Mamitas en Playa del Carmen, el artista saludaba al público asistente que había abarrotado el lugar, ¿Dónde están los playenses, los chetumaleños, los yucatecos? La respuesta siempre era una carretada de gritos y aplausos, hasta que el cantante, desconociendo totalmente cómo están las cosas por acá, pregunta por los cozumeleños y la respuesta al unísono fue, en Chetumal.

Mango tonic. Si bien es cierto que el poder puede transformar a las personas, hablando de políticos que uno supone han alcanzado un cierto grado de experiencia y madurez, no se puede comprender el nivel tan deplorable al que pueden llegar en sus reacciones, cuando las cosas no les han salido como esperaban y la presión atenta contra el sentido común.
En esta barra siempre nos hemos expresado con respeto y simpatía hacia Gustavo Ortega Joaquín, pero no por ello, somos ajenos a señalar errores tan evidentes y posturas tan reprobables, como en las que ha estado incurriendo a últimas fechas, que además no tienen bajo ninguna perspectiva, justificación alguna, mucho menos si son producto del coraje, de las reacciones de bote pronto originadas irreflexivamente de circunstancias personales, que no sólo lo dejan mal a él, sino al cargo que todavía ostenta y al cual hasta el último día de su gestión, debería respetar.
Primero, la respuesta a su sucesor en cuanto a la diferencia entre las cifras que cada uno ofrece en materia de la deuda pública que la administración de Ortega Joaquín habrá de heredar a la de Juan Carlos González. Independientemente de la postura de cada uno, mas allá del tema financiero, que en su momento tendrá que esclarecerse oficialmente, Gustavo Ortega no puede, no debe, hacer ningún tipo de referencia de tipo personal, menos aún en tono ofensivo y peyorativo, no sólo porque eso implica fomentar enconos mediante la falta de respeto, sino porque también implica el dejar ver cómo la pasión puede ser más fuerte que la razón. Si algo está claro es que a pesar de sus diferencias, Juan Carlos González siempre ha sido respetuoso con Ortega Joaquín, sin embargo Gustavo, por el contrario arremete verbalmente, agravia e insulta, colocándose él solo, con esto, en posición muy desventajosa ante la sociedad que aún gobierna y a la que con ello desilusiona y falta gravemente en su compromiso como autoridad, porque ésta, la autoridad, no solamente se ejerce por la obtención del cargo se gana mediante el comportamiento y las actitudes y Gustavo Ortega, desafortunadamente con sus exabruptos, ya perdió esa calidad. El político que es servidor público, todavía más si lo es porque fue electo, está obligado a privilegiar valores esenciales en su desempeño. La educación y el respeto no se negocian, son inherentes a la posición y no pueden trastocarse por la emoción, sobre todo si ésta como ya decíamos nace de la explosión del carácter. El político de altura utiliza argumentos, no injurias.
Pero por otro lado, está la situación de su empecinamiento por obtener, vía el apoyo con el que cuenta en el gobierno federal, la dirección de Fonatur, cuando es evidente que el momento no es el más propicio, cuando para conseguirla se vale de tácticas poco ortodoxas que tienen que ver más con la imposición y que finalmente no le hacen ningún bien al estado, que es en lo que primero habría que pensar.
Se entiende que se preocupe y ocupe por su subsistencia política personal, sobre todo después del doloroso descalabro que implicó la derrota de su partido, precisamente en el lugar que gobierna, solamente que no es viable que ésta se sustente, a través de atentar contra el desarrollo de asignaturas esenciales para la entidad, porque entonces parece más un capricho personal que una ambición genuina, que de cualquier manera, de nada le servirá en su interés de tratar de mantener una vigencia para el futuro, toda vez que desde ahí, lo que se puede prever, son enfrentamientos con los sectores económicos de la entidad, pero sobre todo, pasar a formar parte del equipo que el gobierno federal utiliza para llevar a cabo la política de estado, que bien sabemos se lleva en contra de Quintana Roo.

 

 
 
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